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Texto: Carolina López

“¡Y, yo cantando espero que la vida cambie su color!”

 Zindu Canu

Uno de los poemas de Nezahualcóyotl, menciona que nuestro corazón es un libro de cantos, que hemos venido a esta tierra a cantar y que el canto está en nuestro interior[1]. Metafóricamente lo interpreto de la siguiente manera: el canto es nuestra voz, la cual nos permite expresar malestares, nombrar cosas, emociones, pensamientos y diversas opiniones respecto a nuestros intereses personales y, ¿por qué no? compartir nuestras experiencias y conocimientos. Les comparto que una parte de mi espiritualidad se complementa de cantos y tambores y pienso que a través de la voz y el canto podemos ayudarnos a nosotras mismas a sentirnos bien. Además, considero al  canto como una herramienta de autocuidado propio, que al menos a mí me ayuda a estar más tranquila, conectarme conmigo misma y meditar.

En México y en diferentes partes del mundo, se han formado diferentes círculos de cantos en donde predomina la participación por parte de las mujeres. Las razones por las que se unen es para que a través del canto varias de las asistentes puedan sanarse a sí mismas, aprender, compartir y sentirse escuchadas. Tiene un impacto a nivel personal, social y cognitivo para las personas (seguro han escuchado hablar de la musicoterapia).

Contribuyendo a esto les comento que hace ya más de un año participo en un grupo de cantos llamado Xhina Kiña[2] (otomí) que significa “mujeres serpiente” y que tiene la intención de crear un espacio de sanación a través del canto cuyo objetivo es hacer llegar la medicina a diferentes espacios y lugares. Los cantos que mis compañeras y yo hacemos provienen de diferentes lugares del mundo y los aprendimos asistiendo a diferentes círculos de mujeres, los cuales son en lengua náhuatl, otomí, lakota y el español. En el canto se utilizan diferentes mantras o vocalizaciones en donde se generan vibraciones que impactan de cierta manera el sistema nervioso. Además nos acompañamos de un tambor, el cual complementa las voces y los diferentes ritmos a interpretar. El tambor es conocido como panhuehuetl (náhuatl), el cual es un instrumento prehispánico con una base de madera y piel, con formas redondas, y hexagonales (de diferentes texturas que normalmente provienen de la piel de un animal). En tiempos antiguos se usaba para generar una armonización espiritual, por sus diferentes sonidos y ritmos.

Es importante aclarar que desconozco más información al respecto, pero la que tengo se me ha trasmitido de forma oral, por personas mayores que llevan varios años de experiencia formando otros círculos de canto. Ahora que estamos atravesando por un momento de crisis, por la situación actual que vivimos, considero que la conexión al interior nos ayuda para posicionarnos en el aquí y en el ahora y centrar nuestra energía hacia uno mismo. Habrá quienes prefieran bailar, ejercitarse, pintar, tejer, bordar, hacer yoga o alguna otra actividad para reconectarse con su cuerpo y escucharlo: sea cual sea tu actividad de elección, démonos un espacio para estar con nosotros y cantar -o expresar de la forma que queramos- nuestras emociones y sentimientos, a nuestros ritmos.

[1] https://www.poemas-del-alma.com/nezahualcoyotl-canto-de-primavera.htm

[2] https://www.facebook.com/Mujeres-Serpiente-Xhinaxina-111072773670860/