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Una característica de la nombrada “nueva normalidad” es que desplegar únicamente nuestra imagen bidimensional, o una fotografía animada de nuestra persona a través de una pantalla (video en tiempo real), es lo único que podemos compartir de manera segura.

Nuestras amigas residentas de Casa Betti nos llaman para resolver sus dudas de cuidado y para informarnos sobre el estado de las plantas. Desde hace más de cuatro meses, los dos huertos sobreviven solo con el riego y observación local, pero la falta de un cuidado más intensivo a las hortalizas ya comienza a hacer mella en la producción.

Elvia, una de las residentas de Casa Betti, nos llama cuando tiene alguna duda. En ocasiones, podemos conectarnos por videollamada donde vemos también a Angelita, Belén, y a otras señoras y platicar durante algunos minutos. Gracias a estas comunicaciones sabemos que la acelga de su huerta sigue multiplicándose, que sus matas de jitomate bola ya no están dando frutos, y que han intentado hacer almácigos para tener nuevas plantas. También les guiamos a distancia para ocuparse de la fauna no deseada con los biopreparados que juntas cocinamos. Al igual que nosotras, no tienen respuestas sobre fechas. Todas sabemos que mientras la situación siga crítica, no podemos ni debemos salir de nuestros refugios a revisar ninguna huerta, aunque tengamos muchas ganas de verles y deseos de rehabilitar las plantas que lo necesiten.

Las llamadas parecen aliviar un poco la tristeza que les causa la falta de taller de cada miércoles. Con dolor nos hemos enterado del deceso de algunas de nuestras amigas, así como de otros amigos de Casa de la Divina Providencia que ya no volveremos a ver pero de quienes guardamos bellos recuerdos. Sin duda este año también es uno sin muchas oportunidades para despedidas en persona. Este Julio ‘20 también se termina nuestro convenio (de tres años) con CDP y aún no sabemos cuántos meses después podremos regresar a decirles “¡Hasta pronto, vendremos a visitarlos!”

Por otra parte, la conectividad y las pantallas nos han permitido brindarle a los pequeños de las casas hogar talleres lúdico-educativos de 90 minutos. Esta nueva forma de “GLIA” ha sido retadora pero muy gratificante. Nuestra experiencia dando talleres a distancia era nula, y tres de los cinco grupos de casas hogar apenas tenían un par de visitas “Germinando Lazos” antes de la suspensión de actividades, por lo que no contábamos con un rapport fuerte antes del cambio. Decidimos crear talleres de hora y media enfocados en su salud emocional y mental (a propósito de la situación actual) que incluyeran algo de calestenia (movimientos corporales), plática coloquial y suficientes participaciones para ellos. “Autoestima”, “Collage”, “Canto”, “Trivia”, “Meditación” y “Equidad” fueron los temas seleccionados. Hasta ahora, los grupos participantes, a pesar de ser de diferentes edades, han quedado contentos con los talleres. Por supuesto que la conexión a veces falla, como a todos, y algunos talleres son más entretenidos para unos que para otros, pero hay dos cosas que sabemos que estos talleres sí les brindan: compañía y ocupación. Unos niños y niñas nos van conociendo más, otros que ya son amigos fortalecen el lazo. Sin duda las compañeras coincidimos que es también para nosotras un bálsamo para el alma el poder continuar brindándoles actividades lúdicas y educativas por lo menos a una parte de nuestros beneficiarios.

La realidad de este año es muy diferente al anterior y parece no tener punto de retorno, pero sin duda el irnos adaptando a nuevos formatos también nos ha fortalecido y preparado para nuevos escenarios de vida.