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Texto: Carolina López

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”

Gabriel García Márquez

¿Qué significa cerrar un ciclo? Ya sea de trabajo personal o material. ¿Cuánto será necesario hablar y escribir sobre eso para dar paso a un nuevo inicio? ¿Qué rituales realizaremos? Quizá no todas las personas le damos el mismo significado o peso a este proceso, sin embargo, les comparto que en estos últimos días estoy atravesando por un ciclo de cierre personal y laboral, que sin duda me mueve y se acompaña de diferentes sentires. Me mueve a pensar sobre mi futuro quizá un poco incierto y con nuevos retos, sintiéndome alegre por momentos, melancólica, triste y desmotivada por otros. Posiblemente algunas/os ya han vivido este tipo de emociones que en diferentes instantes nos atraviesan, pero me pareció importante darle voz a mi diálogo interno a través de la escritura.

La escritura me permite generar una conversación conmigo misma, en donde puedo poner atención a lo que estoy viviendo en ese momento. También se vuelve un medio que me permite compartir con el otro mis diferentes opiniones o sentires. Les cuento que durante mi adolescencia solía escribir no de mi vida personal, sino que mi narrativa estaba dirigida a lo poético, lo cual dejé de hacer. Fue a través del espacio de blog de OLAKAC, que nuevamente pude escribir historias y darle vida a los relatos que los adultos mayores me compartieron, a las experiencias que viví con los menores de edad, entre otras cosas que se relacionan con mi interés y opinión personal. En una ocasión, incluso eché a volar mi imaginación y me inventé un cuento, algo que en el pasado no hubiera imaginado hacer.

Pero, ¿qué sentido tiene escribir? En un primer momento lo asocio con comunicar, expresar, compartir ideas, dialogar, repensar y manifestar inconformidades. Por otro lado, desde mi profesión como psicóloga, escribir es una herramienta elemental. En la terapia narrativa[1], la escritura es un medio por el cual las personas pueden reflexionar sobre sí mismas y sus experiencias desde un punto de vista distinto al habitual, ya que el proceso de escribir se convierte en terapéutico (Bolton, 2005 como se cita en Quintal et al, 2020). En él se comparten experiencias, pensamientos y emociones personales que dan paso a generar un diálogo y reflexión para hacer conscientes las luchas personales y explorar la creatividad. Anderson y MacCurdy (2000), reportan que entre los beneficios de la escritura terapéutica se encuentran el alivio del estrés y la mejora del estado de ánimo. Además, cuando las personas escriben, están llevando a cabo una acción que tiene impacto directo sobre sus recuerdos, los significados asignados y sobre su propia identidad. Por otro lado, escribir le permite al individuo que sus emociones y problemas sean más manejables y les da una sensación de que puede tener un mayor control sobre los resultados de las situaciones por las que atraviesa; y ahí están presentes tantos los procesos cognitivos, emocionales, sociales y biológicos.

Regresando al párrafo inicial de este texto, el escribir me ayudó a aligerar estos sentimientos y sentires respecto a los acontecimientos que estoy viviendo en este momento. Aunque no hubo un facilitador que me acompañara en este proceso de escritura (terapeuta), estaban mis compañeras de trabajo, quienes al igual que a mí, la escritura les ha servido como un medio para recordar nuestras historias de vida, imaginar, crear, sentir e investigar.

Bibliografía

Quintal et al, 2020. Leer y escribir en Terapia Narrativa, Construyendo una nueva historia. Revista de psicoterapia, Vol. 31. N° 116. Universidad Autónoma de Yucatán. México

[1] La Terapia Narrativa, desarrollada por Michael White y David Epston (1993), es un enfoque terapéutico que reconoce el papel primordial del lenguaje como productor de significados y creador de la realidad social. Entender que el lenguaje es un conjunto de discursos que compiten entre sí para generar significados y ordenar el mundo, hace de éste un elemento para la exploración de la subjetividad de las personas dentro de un contexto específico, histórico y local (Richardson y Adams St. Pierre, 2005).