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En estos días donde muchas personas de diferentes partes del mundo hacen cuarentena en sus casas y diariamente nos llegan mensajes sobre su encierro y las diversas formas de vivirlo (incluyendo mi experiencia) no puedo dejar de pensar en las adultas mayores que viven en la residencia de 24 horas para adultos mayores Casa Betti con quienes trabajo desde hace más de un año. Por elección, necesidad o presionadas por alguna circunstancia, estas señoras comparten casa con más de 40 mujeres. Si bien no viven en un encierro permanente ya que pueden ir de vacaciones con su familia, comer con alguna amiga, ir en grupo al teatro y recibir visitas de muchos voluntarios que les llevan actividades variadas, es una realidad que pasan más tiempo en esta residencia que en cualquier otro lugar. ¿Cuáles son sus actividades diarias? ¿Cómo sobrellevan esta forma de vida? ¿Disfrutan de este espacio como un descanso de los largos años que ya vivieron? ¿Es un tipo de encierro elegido u obligatorio? ¿Extrañan su casa, su colonia, sus plantas, sus animales del pasado?

Es necesario e importante no romantizar el encierro pero sí pensar en las posibilidades que tenemos a la mano para pasarlo de una mejor forma, colectivizar nuestras experiencias y no distanciarnos socialmente. ¿En qué recae nuestra obsesión por hacer mil actividades en nuestro tiempo libre en esta cuarentena? ¿Acaso estamos tan acostumbradas al trabajo y a la “productividad” que se nos olvidan algunas cosas esenciales? ¿Cómo equilibrar el hacer (no el producir) y la inactividad sin sentirnos poco útiles o flojos? ¿Cómo gestionan su tiempo estas señoras en el asilo?

Tengo que contarles que el día de ayer tuve que ir pedaleando de sur a norte para ver por última vez (hasta nuevo aviso) su huerta. Me llegaron sus mensajes de lejos: “Ahora sí estamos aburridas” [1]“Aburridas, aburridísimas” “Ya no sabemos qué hacer con tanto tiempo”. Pareciera que se están escuchando más que nunca; de por sí ya se compartían 24×7 con desconocidas que fueron volviéndose sus compañeras, vecinas y algunas amigas, ahora aprovechan este momento de aislamiento para crear relatos, narrarse y escucharse con las otras. Se organizan: en equipo se ríen juntas y celebran cada vez que juegan maratón u otro juego de mesa y ganan. Si se hartan y se enojan siempre saben que tienen una habitación o un jardín enorme donde pueden ir a caminar y ver a los gatos panza arriba tomando el sol. El espacio del huerto también les sirve como terapia ya no sólo ocupacional, incluso emocional y como ellas me dijeron ayer “Y si nos quedamos sin comida siempre podremos comer lechugas y jitomates”. A veces no es necesario hacer nada o a veces mirarnos y escucharnos es todo. En realidad su cotidiano no ha cambiado mucho, solo que, con tanta información de aislamiento ellas mismas están viviendo esta nueva experiencia: un encierro en otro encierro. Creo que a nosotras también nos pasa lo mismo; habrá que mirar a las y los que ya viven en encierros o semi-encierros, ¿Cómo gestionan sus espacios, emociones y cuidados? Cárceles, asilos, psiquiátricos, centro de desintoxicación y rehabilitación, etc.  Miremos a los otros. Tal vez esta crisis nos traerá empatía y formas de socializarnos más profundas, críticas y fuertes, que por cierto no son nuevas.

[1] Es necesario comentar que CASA BETTI ha tomado serias medidas para proteger y prevenir  la transmisión de COVID19 a las adultas mayores,  prohibiendo las visitas externas y las salidas de las propias adultas mayores de este recinto (a menos que se trate de una emergencia médica) entre otras normas de higiene.