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Texto: Carolina López

“Hoy que no tengo más que palabras para decirte cuanto te quiero, hoy que no puedo ir a buscarte, tengo que enviarte este mensaje,  ¡porque cuando el día llegue de encontrarnos nuevamente, yo correré a abrazarte y celebrar poder mirarte!”

Kevin González

Los abrazos sin duda son una muestra de afecto, ya que nos permiten comunicar y forman parte de la base de las relaciones sociales; sería difícil sobrellevar nuestra vida sin estas muestras de afecto. ¿Pero, qué significado tiene un abrazo? Esa pregunta ha rondado en mi cabeza estos últimos días, más cuando veo a las señoras de Casa Betti a través de la pantalla de mi computadora. Ellas nos dicen tanto a mis compañeras como a mí: “las extrañamos y les mandamos abrazos y cariños, ya queremos que nos vengan a ver, y que vengan a ver la Huerta ya que algunas plantas han dejado de dar frutos”. Pienso ¿cuándo las volveré abrazar? No solo a ellas, también a mis amigos que he dejado de ver en estos meses, aunque nos hemos procurado a través de mensajes y llamadas telefónicas; por el contrario, con los abuelitos y abuelitas de Casa de la Divina Providencia, el contacto ha sido mínimo y solo sé de ellos por terceras personas.

En respuesta a la pregunta inicial sobre lo significativo que puede ser un abrazo, habrá primero que definir qué es el abrazo mismo. El Diccionario de La Lengua Española lo define como: la acción o el efecto de abrazar y el abrazar se entiende como una señal de cariño[1].  Tiene sentido ya que el abrazo en sí se muestra como un significado de cuidado colectivo que construimos de manera diaria y que se da para expresar cariño, emoción, cobijo y preocupación. No sé si les ha pasado, pero en ocasiones cuando me siento triste o con alguna preocupación y recibo un abrazo, me reconforta. También me pasa cuando estoy atravesando por algún estado de alegría y euforia y por medio de una abrazo comparto ese momento.

El impacto de los abrazos para nosotras las personas es importante no sólo por el contacto físico con el otro, sino porque liberamos oxitocina, endorfinas y dopamina; hormonas que disminuyen nuestros estados de dolor y mejoran nuestro estado de ánimo. La dopamina influye en nuestra cognición mejorando nuestra atención y memoria, además de que al abrazar aumentamos nuestra sensación de seguridad haciendo que bajen nuestras frecuencias cardíacas y disminuyan nuestros estados de presión, siempre y cuando estos abrazos provengan de personas cercanas y significativas para nosotros (Manuschevich, 2017). Los abrazos rompen con lo individual y fortalecen nuestros espacios colectivos, y me hacen recordar las muestras de afectos de los menores con los cuales he trabajado en los encuentros GLIA, en donde al terminar un taller solían despedirse con un abrazo, mostrándome sus gestos de afecto y aprecio.

Habiendo reflexionado el contexto del abrazo, les comparto que extraño el contacto físico con los adultos mayores y con mis compañeras de trabajo; ya que dada las circunstancias de la pandemia, no hemos podido abrazarnos, algo que solíamos hacer con cotidianidad. Comprendo de alguna manera nuestros bajos estados de ánimos en estos tiempos de crisis. Valdría la pena remontarnos a esos escenarios en donde al sentirnos abrazados experimentamos una sensación de bienestar y apoyo y seguir tejiendo nuevas formas de afectos con nuestros cercanos.

Bibliografía:

Manuschevich, A. (2017). Efectos del contacto físico: Abrazar le hace bien al cuerpo, baja el estrés y mejora la inmunidad.  Periódico el mercurio: Vida, ciencia y tecnología. Chile. Pág.A11

[1]Diccionario de La Lengua Española (2020). Recuperado de: https://dle.rae.es/abrazo