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Cortar un fruto para rescatar su semilla (o bien coger la semilla de las flores de cualquier hortaliza madura), conservar esa semilla, hacer un almácigo con ella, darle los cuidados adecuados para que la plántula crezca fuerte y sana, tener paciencia, trasplantar esa plántula a la cama de siembra, procurar que tenga un espacio con luz de sol suficiente, regar lo necesario, tener paciencia, abonarla, cuidarla de las plagas, tener paciencia. Finalmente, después de dos o tres meses, o lo que se tenga que esperar, con una sonrisa y con la boca abierta, morder el fruto.

En una entrevista, Annie, de 84 años, nos decía que era fantástico ver el proceso desde cero de una planta y después de un par de meses comer el fruto. Hablaba específicamente de los jitomates, los cuales muchas veces comimos en una ensalada colectiva con las participantes del huerto. Elvia, por otra parte, decía que veía el proceso como un maternaje con la diferencia de que al final, cuando ya crece tu “hijo”, es decir la hortaliza, te lo comes o se lo das a alguien más para que se lo coma.

Últimamente, mucha gente ha estado hablando sobre la importancia de la autogestión alimentaria y se ha enunciado la necesidad de revalorizar las huertas familiares, comunales, huertas de traspatio, huertos urbanos, y el trabajo del campesino en general. Más allá de romantizar toda esta labor de cultivo y producción de alimentos, yo lo veo más como formas de organización y resistencia ante las agroindustrias, las semillas genéticamente modificadas, las cadenas trasnacionales de supermercados, o la simple labor diaria y colectiva de producir lo que se consume, estando en contacto con lo que comemos. Nosotras (yo y mis compañeras en similitud de condiciones) desde nuestra cotidianeidad de habitar la ciudad, nos preguntamos: ¿qué podemos hacer para sostener esta propuesta desde nuestras acciones del día a día y desde nuestras posibilidades?

No es forzoso iniciar un huerto en casa. Muchas veces no tenemos el espacio, las herramientas o las ganas, aunque éstas también se cultivan a través de la conexión que puedes hacer con la tierra y los alimentos, por más trillado que pueda escucharse. A veces es cuestión de organizarse con amigos, familia, vecinos, unidad habitacional.

Si no se tiene la iniciativa de preparar un espacio común, ensuciarse, sudar, abrir la tierra, estudiar un poco sobre asociación de cultivos, conocer el clima local, tener paciencia, experimentar, escoger las especies nativas que serán más fácil que crezcan, elegir entre todos las hortalizas más utilizadas, con mayores propiedades nutricionales para la comunidad, etc., está bien. También se puede aportar, en la medida de nuestras posibilidades al consumir directamente de los productores, ir a mercados locales, apostar por lo cultivado en temporada y en la región; aprender nuevas recetas que involucren estos ingredientes, dejar de consumir en los supermercados.

Debo ser honesta: me choca escribir esto cuando las prioridades de muchos es conseguir el dinero día a día para alimentarse, pensando que no todos tenemos las mismas condiciones de vida. Confío que estas acciones pequeñas, como el experimentar con la tierra, hacer germinados en casa o un poco mayores como organizarnos con otras personas para un bien común, nos pondrán en otras condiciones, más reflexivas, más críticas y nos volverán conscientes de otros procesos. Esto no quiere decir que nuestras vidas cambiarán para siempre, pero descubramos cómo nos resultan diferentes, si no tenemos previamente esa experiencia. Así como a las adultas mayores, que las sorprende comer algo que sembraron, o que el cuidar de su hortaliza les evoca a la maternidad.

Organizarnos colectivamente en nuestros espacios es fundamental, poco a poco iremos haciendo una red fuerte de alianzas que nos permitirán afrontar sucesos de manera comunitaria, con más brazos que nos sostengan. Si usted es de las personas que quieren hacer un huerto urbano, en nuestro canal de youtube[1] estamos haciendo una serie de videos donde podrá aprender un poco de lo que nosotras hemos aprendido en el huerto con las adultas mayores. Disfrutemos de colectivizar las semillas y compartirlas después en alguna comida que nos guste.

[1] https://www.youtube.com/channel/UCIeVGIQiME0X41Qe-FQyTxg