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Texto: Carolina López

El objetivo de este texto es hacer una reflexión sobre el papel de la masculinidad en la vejez. Como bien sabemos, esta etapa de vida trae consigo diversos cambios en donde se piensa que las personas dejan de ser productivas y autónomas. Pero con mi experiencia de trabajo en OLAK AC, pude darme cuenta que estos estereotipos que se han generado en torno a la vejez no necesariamente se cumplen. Después de la participación de los adultos mayores en el trabajo del huerto, ellos han mencionado sentirse más acompañados, activos, útiles y reconocen haber generado un impacto en su entorno, tras la producción de sus propios alimentos libres de químicos para su consumo.

Antes de seguir, me parece importante definir el concepto de masculinidad, el cual se entiende como una construcción social acerca de lo que significa ser varón en determinado tiempo y lugar (Connell, 1987 como se cita en Iacub, 2017).

Aunado a esto, Salgado, 2007 (como se cita en Sánchez, 2011), menciona que durante la vejez se presentan una serie de modificaciones que involucran la asignación de roles en razón de las normas socioculturales. Las cuales se verán atravesadas por la cuestión del género, en donde la sociedad ha asignado roles a hombres y mujeres por su condición biológica.

Partiendo de esto y bajo el reporte de diversas investigaciones[1] que mencionan que las funciones asignadas a los géneros son menos marcadas en la tercera edad, vemos que se presenta una diferencia con el modelo tradicional hegemónico que conocemos, en donde el varón tiene que ser competitivo, fuerte, proveedor, autónomo e incluso poco afectivo: los varones suelen ser más cariñosos y afectivos en su vejez.

A partir de lo mencionado y desde una mirada subjetiva, me di a la tarea de identificar ¿de qué manera se presentan estos cambios en la población de adultos mayores con la que trabajo? Me enfoque en los abuelitos de Casa de la Divina Providencia[2], en especial a los cuatro varones que participan constantemente en el taller del cuidado del huerto y en la elaboración de los cojines terapéuticos. Ellos son: Salvador, Felix, Raúl y Miguel, quienes sin dudar han decido participar día a día en el riego de las plantas, las cosechas, la elaboración de almácigos y otras actividades propias del huerto. Además, han compartido su tiempo con diversos grupos de menores a través de los encuentros GLIA.

Tras sus diversas participaciones, puedo darme cuenta de que como mencionan los textos, al trascurrir los años la masculinidad se vive de forma diferente. Es decir, al ver a estos cuatro varones participar no sólo en el huerto, si no en la convivencia con sus compañeras, concibo un espacio más equitativo. Ellos logran romper con los roles preestablecidos al preocuparse por mantener sano y productivo su huerto, cosas que quizá pensaríamos sólo realizarían para obtener recursos y proveer a su familia. Otra de las cosas que llamó mi atención, fue observar cómo ahora se dan el tiempo para platicar con sus compañeras sobre cómo es que se sienten y viven su vejez, y como comparten con ellas el orgullo de tener una cosecha y disfrutar de una ensalada. Incluso ayudan en el corte y costura de uno de sus nuevos proyectos: la elaboración de un cojín terapéutico para comprar una quinta cama de siembra. Para concluir con esta pequeña reflexión, les pregunto ¿es necesario llegar a la tercera edad para replantear las masculinidades? ¿Será que podemos trabajar en la socialización de un mundo con mayor equidad e igualdad de género?

Tú puedes desde tu propia trinchera hacer cambios en tus hábitos: involucrándote más con las labores en casa y haciendo conciencia de los pensamientos respecto a los roles que se nos fueron asignados y contribuir a que esto suceda.

[1] Respecto a los datos reportados en los  cambios de roles de género en la edad avanzada. Tomado de: Wilson, G. (1996). Yo soy los ojos y ellas los brazos: cambios en los roles de género en la edad avanzada. Relación entre género y envejecimiento. Madrid.

[2] En una casa de día que se ubica al sur de la Ciudad en la Alcaldía de Álvaro Obregón.