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En México la esperanza promedio de vida de las mujeres es de 78 años, vs la de los hombres de 73. La de una mujer trans* es de 37 a 40 años. Esta edad es la misma que la esperanza de vida en México en 1930. No es necesario obviar que es sumamente alarmante. México también ocupa el segundo lugar en América Latina en transfeminicidios, de hecho esa es la causa de las muertes / asesinatos prematuros en estas mujeres sumando las desigualdades que viven representadas (entre muchas más) en violencias, pobreza y la falta de salud integral.

¿Cómo se suman diversos factores influyendo en la vivencia de una vejez precaria o abandonada? Se trata de un problema estructural, si se vulnera a la vejez en general y se la margina, aquellos viejxs: pobres, racializados, de alguna comunidad indígena, que no hablan la “lengua oficial”, que son trans*, que son homosexuales o lesbianas, que no estudiaron, etc., vivirán de maneras más violentas esta etapa.

Las desigualdades entre las personas a lo largo de la vida, en este caso el género, influyen en las modalidades que se vive la vejez, menciona Catalina Arteaga. Y configuran también el no vivirla.  ¿Cómo piensas la vejez? , pregunté en facebook.  “Ya no la pensamos porque no llegamos” me respondió una persona trans. Las representaciones de la vejez también están configuradas desde la heterosexualidad y el binarismo de género; es difícil que se piensen vejeces diverso genéricas y sexuales. Lo mismo pasa con los programas sociales y de salud diseñados desde las instituciones estatales, no están contemplando otras posibilidades, ¿pero las sabemos? ¿Cuáles son esas necesidades específicas de una persona trans* al llegar a su vejez, cuáles son sus experiencias?

En la Ciudad de México, existe un espacio único: la casa de día para  adultos mayores LGBTTI+ “Laetus Vitae” fundada y gestionada por Samantha Flores, mujer trans de la tercera edad. Este lugar reúne diariamente a una diversidad de adultos mayores, no solamente LGBTTI+ y es un sitio excepcional para el reconocimiento de otras experiencias de la vejez y su acompañamiento. Son necesarios estos espacios, sin embargo que sea el único en una ciudad tan grande, en un país tan extenso y tan diverso, también nos pone a pensar en cuáles son las causas de que no existan más proyectos de este tipo. Como con otras situaciones, apuesto siempre a la organización colectiva y comunitaria para gestar redes y lazos que permitan el nacimiento de proyectos que acojan diversidad y experiencias.

Para los que viven en la Ciudad de México y puedan visitar “Laetus Vitae”, pueden aportar siendo voluntarios, dando talleres, acompañando y participando en las diversas actividades que se realizan en esta casa de día, entre ellas se incluyen: terapias psicológicas, asesoramiento para el uso del celular, clases de yoga, meditación y charlas de tanatología.

Imagen que acompaña este texto hecha por: escalera

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